Un nuevo año,

cada día

por Carolina Espinosa

Imágenes: Gentileza de Pexels

El primer día de un nuevo año siempre nos llena de ilusión y nos abre la puerta a un sinfín de nuevas posibilidades. Este día, en particular, tiene el poder de llenarnos de promesas con nosotros mismos y abrazar nuevos propósitos. A mí siempre me ha parecido raro, todo esto. No quiero sonar como el Grinch de Año Nuevo, entiendo los buenos deseos que hay detrás, pero ¿no tenemos este poder cada día? ¿es necesario pensar cada inicio de cada año como un libro en blanco donde escribir una nueva historia? No me mal entiendan, es fundamental tener metas y más fundamental, aun, querer cumplirlas y no quedarnos sólo en el intento. Pero no es necesario engañarnos, lo del libro en blanco es absurdo y creer que el primero de enero tiene más poder que el cinco o catorce del mes que ustedes elijan, es más absurdo aún. Lo vivido el 2019, y todos los años anteriores, es fundamental para lo que queremos ser este 2020 y los años que vienen después. No podemos obviar lo malo y lo bueno, debemos reflexionar qué hemos aprendido hasta ahora y rediseñarnos, pero no desde una hoja en blanco. Sin pasado, no hay futuro. Esta reflexión, este aprendizaje y la decisión de ser mejores, es algo de todos los días y que podemos determinar cada día. Tenemos el poder de ser la persona que queramos ser con los recursos que tenemos (y no me refiero a los económicos) basta con observar, reflexionar y modificar. Observar y reflexionar van de la mano, ya que observar sin reflexionar es sólo mirar; reflexionar nos lleva a ver, no sólo nuestra realidad, sino también, a empatizar con la realidad de otros. Soy en la medida que somos. Somos parte de un todo: familia, amigos, barrio, sociedad, país, continente y planeta. En un mundo donde todos nos dicen que debemos enfocarnos en nosotros primero, falta poner énfasis en lo que hay detrás del “nosotros primero”. Hay un otro, después. Si nos enfocamos sólo en lo que nosotros queremos o creemos, en nuestra verdad, sin observar y reflexionar sobre lo que pasa a nuestro alrededor, difícilmente cumpliremos con esas promesas que hoy nos hacemos. Lo que hacemos y decimos tiene repercusiones en otros. Así de poderosos somos. Me observo y observo a mi alrededor, reflexiono y cambio en mí, lo que hará de mí una mejor persona. Vivimos enfocados en las conductas del otro, cuando es mi conducta lo que hará la diferencia. Si cada uno usa su energía en ser mejor para sí mismo y para los demás, construiremos un mundo mejor. Hoy, sin importar qué día es hoy. Cada día cuenta y cada día tiene su propósito. No empieces la dieta el lunes, cambia tu conducta alimentaria hoy, haz ejercicio, escucha música que te haga sonreír, disfruta de una película que te haga pensar, llora si es necesario, bebe más agua ¡cuida el agua! Lee cuantos libros puedas, canta aunque suenes horrible, baila, conversa con los niños y permíteles ser niños, equivócate y aprende de tu error, pide perdón y sé agradecido, cierra ciclos y ábrete a nuevas posibilidades, fíjate quien está para ti y quien quiere algo de ti (la diferencia la notarás en tus días malos), abraza cada abrazo, cuida y cuídate, cree en el amor y haz de él tu bandera, sonríe y ríe todas las veces que puedas y contagia a los demás, elije bien, sigue tu instinto y aléjate de quien te robe tu energía o tu sonrisa, escucha antes de hablar, guarda silencio si no sabes, cree, crea…construye hoy, mañana y los días después de mañana. Un paso a la vez, un día a la vez. Un nuevo año, cada día.

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