ES MOMENTO DE REPENSAR LAS CIUDADES ¿Y SI LO HACEMOS DESDE LA PERSPECTIVA DE GÉNERO?

por Mujer Arquitecta

Imágenes: Abby Chung

El estallido social de las ultimas semanas en Chile nos obliga a replantearnos y repensar muchas cosas. La falta de equidad y desigualdad que se denuncia se ve reflejada también en las ciudades chilenas y no sólo desde el punto de vista de clases sociales, sino también entre hombres y mujeres, distintas culturas, orígenes, religiones, edades, etc. La desigualdad ha sido tal, que las ciudades no han sido capaces de integrar estas diferencias. La responsabilidad no es de la ciudad en sí, sino de quienes las planificamos, diseñamos y actuamos en ellas. Estas diferencias han sido detectadas, desde un tiempo ya, por lo que se conoce como URBANISMO CON PERSPECTIVA DE GÉNERO. El título puede generar cierto resquemor y/o rechazo entre personas más conservadoras, pero antes de eso, es importante entender qué significa o qué busca esta forma de ver y hacer ciudad. Para esto hay una definición que nos gusta mucho y que rescatamos de un texto escrito por las invertigadoras Zaida Muxí, Roser Casanovas, Adriana Ciocoletto, Marta Fonseca y Blanca Gutierrez de la Universidad Politécnica de Cataluña, en el año 2011 “La perspectiva de género aplicada al urbanismo se entiende desde la experiencia y, por lo tanto, la escala próxima, pero esto no excluye la lectura analítica de la estructura general, que nos permitirá hacer recomendaciones en otros momentos de la planificación, más generales y lejanos, como puede ser un plan general”. (1) ¿Qué significa esto? Incluir en las nuevas formas de hacer ciudad los diferentes ámbitos de la vida y la cotidianidad, en igualdad de oportunidades y de forma integrada. A pesar de que puede sonar obvio, en la teoría, en la práctica es algo más complejo de hacer porque históricamente nos hemos enfrentado a un problema mayor, no visibilizado, que nos lleva a una única forma de hacer las cosas hasta hoy, el patriarcado. No se asusten, no estamos en contra de los hombres. Presten atención. La forma en que habitamos, fue establecida desde tiempos inmemoriales, con características muy marcadas. Espacio público y privado, productivo y reproductivo, lo masculino y lo femenino. La voz de lo público la tenían los hombres y la voz de lo privado, en teoría, las mujeres. Por algo las mujeres no podían votar, ya que significaba darles voz sobre lo público. Ahora, si vemos la situación un poco más en profundidad, que las mujeres tuvieran voz en lo privado no era más que una trampa, ya que no eran ellas tampoco quienes decidían. Lo masculino ha definido el rol de lo femenino.

 

Bien, si nos enfocamos en el diseño de las ciudades y en el rol de lo masculino, nos volvemos a encontrar con un problema: el diseño aplicado está pensado, a su vez, en un tipo de hombre particular, con ciertas características físicas, sociales y económicas, que representa a un porcentaje mínimo de la población ¿Qué pasa con los demás? ¿Qué pasa con las demás, ahora que las mujeres también trabajan fuera del hogar? ¿Qué pasará a futuro? ¿Qué pasa con la redefinición de la familia? La vida cotidiana tiene tantos detalles, escalas y consideraciones que, pensar en un “tipo” de habitante o forma de vida, trae como resultado ciudades exclusivas para un usuario, siendo poco integradoras y segregadas. La planificación debe asumir la complejidad de todas las realidades para rediseñar una ciudad inclusiva, para lo cual es necesario entender y conocer para quienes se está diseñando, desde sus particularidades, pero sin olvidar el tejido mayor y sus posibles conexiones. Es la planificación desde las distintas escalas, desde lo cercano a lo general, con un análisis diferenciado pero integrado, lo que nos llevará a tener ciudades más justas y equitativas, pensadas para todos y todas. Y, es en esta nueva forma de hacer ciudad, donde el urbanismo con perspectiva de género tiene mucho que aportar. Esta crisis es la oportunidad de pensar, diseñar y planificar ciudades que respondan a las nuevas y diversas formas de habitar. No debemos olvidar que los espacios físicos condicionan la calidad de vida de sus habitantes, y una ciudad justa es aquella que es capaz de integrar las diferencias.

 

 

(1) ¿QUÉ APORTA LA PERSPECTIVA DE GÉNERO AL URBANISMO? Zaida Muxí, Roser Casanovas, Adriana Ciocoletto, Marta Fonseca y Blanca Gutiérrez. Universidad Politécnica de Cataluña (Barcelona) 2011.

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