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DESIERTO FLORIDO

Texto e Imágenes: Soledad Larraín

El desierto de atacama recorre casi 1.600 km de nuestra larga nación. Algunos lo conocen por ser el desierto más árido del mundo, otros por ser uno de los lugares más privilegiados para ver las estrellas y otros, por su potencial minero. Es un territorio que se cree inerte e inmóvil, pero que, tras las lluvias, transforma lentamente su paisaje regalándonos un manto floreado que se presenta como un verdadero milagro efímero, que pone en evidencia la temporalidad de la naturaleza, sobreponiéndose a las condiciones y con una impresionante capacidad de renovarse.

 

Este es un fenómeno que se da principalmente entre el sur de la región de Antofagasta y el norte de la región de Atacama, impulsado por las precipitaciones que aumentan por el fenómeno de la corriente del Niño. Por esta razón, es posible predecir su llegada, convirtiéndose en un atractivo turístico extra a una zona que, de por sí, ya es impresionante.

 

Este espectáculo capturó la atención de más de 20mil turistas que viajaron a la región expectantes de atestiguar un hecho tan único como bello. El creciente interés refleja el valor y la necesidad que tenemos, como sociedad, de experimentar la belleza, la fragilidad del tiempo y lo efímero. En un mundo que avanza, a veces, sin control y donde la naturaleza suele ser la más perjudicada, resuenan las palabras de Dostoyevski: “la belleza salvará al mundo”. Entendiendo, además, que lo contrario a lo bello no es lo feo, sino el utilitarismo. El espíritu de usar a los otros y robarles la dignidad. El desierto renace frágil en cada flor, para recordarnos nuestra más profunda dimensión humana.

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